Manifiesto de la ley y el embudo…

Publicado: 31 enero, 2014 en Actualidad, Pensamiento

El que aquí les habla no se destaca por su demagogia momentánea. Tampoco es adicto a las ideas de corte “marxista”. Hago la aclaración pues me voy a atrever a atacar de una vez el “orden establecido”. Justo creo que esta aclaración es debida a que creo que aún soy un verdadero defensor del “orden establecido” realmente… Otros por contra, están amparándose en una idea perversa de éste, justo para hacer, “de su capa un sayo”.

Si tuviera que definir el “orden establecido”, diría que son el cúmulo de circunstancias, leyes, situaciones, que llevan a una determinada sociedad a un objetivo concreto. En el caso de las sociedades demócratas y de economía de mercado, éste ineludiblemente va encaminado al bien común de la sociedad, dígase resumido al estado del bienestar. Hablo de estado de bienestar, puesto que todo movimiento democrático que no estuviera encaminado a la mejora vital de la sociedad, no merecía tal apelativo. Otros “órdenes establecidos” van encaminados a la supervivencia del estado, de una ideología, de un partido. Eso no son democracias, sino falacias. Ahondando más, diremos sobre este orden básico en las democracias, que son el todo que hace viable la normal convivencia de la sociedad, aunando la capacidad de supervivencia básica, con las capacidades ambiciosas de la misma. Si este es correcto, normalmente una sociedad progresará ineludiblemente.

diaz ferran

Lo reconozco. Me ha podido la discusión entre aspirantes a “empresario” del otro día. Me dejé llevar. A pregunta de que consideraban “empresario”, el resultado era prácticamente un aventurero sin escrúpulos. Me acordé de Gerardo Díaz Ferrán, que a la vez que arrogante nos mandaba a todos a trabajar más y por menos, se lo llevaba calentito. Para mí por contra, empresario es persona cuyas ambiciones se sustentan en límites morales básicos. Basta ya de “aventureros de la riqueza” cuyos riesgos los pagan el resto, mientras ellos ya diseñan su siguiente “aventura”…

El defecto de este asunto es cuando una parte u otra -da igual cual- pretenda abusar de este haciéndolo su “orden establecido” para su único beneficio. Cuando alguien pretende que este sistema de equilibrio perfecto, trabaje para sí mismo, dejando al resto al margen, comienza la frustración. Dígase que en el caso que me ocupa, algunos han tomado el control del mismo, olvidando lo que supone la vulneración del equilibrio. Recordaré que aquellos que creen que la situación les favorece, olvidan que justo tienen el control de la situación, debido a que la estabilidad de pasadas épocas y en consonancia la capacidad de satisfacción global, hicieron posible esta favorable ventaja. Habría que hacerles ver a muchísimos que arrebatan esta tranquilidad con alegría, que hubiera sido de su poderío en una sociedad sin paz social, que habría puesto en riesgo sus ambiciones, e incluso vida y haciendas.

Es insoportable contemplar que el razonamiento más básico para afrontar la crisis, está siendo la vulneración de la legalidad más básica, siempre que esta afecte a los más débiles del equilibrio. Me sonrojan como defensor acérrimo del liberalismo, que bajo su nombre se estén cometiendo verdaderos latrocinios legales. ¿En qué parte de la teoría económica liberal, dice que determinadas leyes son vulnerables y otras por contra intocables? Resulta que todo aquello que signifique “derecho” es atacable. Por contra el capítulo de “obligación” resulta inalterable. Para más inri, hasta estos valores no son estables, puesto que “derecho-obligación” son más o menos fundamentales, siempre que sean vistos desde arriba o desde abajo. Seré demagogo; ejemplo básico. En la creencia de algunos, son inalterables la hipoteca, los impuestos, los recibos. Por contra son fácilmente modificables, contratos, derechos, seguridades menores y diversas…

Como me muevo en círculos liberales, la sorpresa es todavía más mayúscula cuando escucho a los “cachorros” de la nueva generación ideológica que habrán de gestionar el “orden social” para hoy y el futuro. Para ellos el conjunto social, no es más que un inerte conglomerado de números, cifras y estadísticas, considerando que un “buen trabajo”, es conseguir meter a la sociedad en la faja apretada de un “low-cost”. La vulneración es absoluta. Con repugnante sorna, los defino como de la “escuela asiática” en definición a sus malos usos vergonzantes y en contrapartida del moralmente más elevado modelo de la “escuela austriaca” de Hayek. Llamados a gestionar el “orden social”, se han convertido en simples garantes de comisiones y plusvalías, en el beneficio de unos pocos. ESO NO ES LIBERALISMO.

trabajo

Y no me cuenten milongas. El “orden establecido” no puede generar intocables y vulnerables. La fórmula más óptima de funcionamiento es que todas las partes se sientan beneficiadas. El secuestro es evidente cuando se considera que es legítimo y vital para el “sistema” garantizar el ingreso de un banco por un documento firmado -por ejemplo-, y por contra, deshacer un contrato laboral también firmado de antemano, con la creación de siniestras figuras como el ERE y la Reforma Laboral. ¿A nadie se le ocurrió que si por ley se vulneran unas condiciones, otras deberían ser también modificadas? No. Usted siga pagando su hipoteca religiosamente, que yo no le pagaré su sueldo estipulado maliciosamente. Eso sí, es por el bien del “orden establecido”.

Si el sistema no es capaz de satisfacer TODAS las necesidades, este es defectuoso. Para incredulidad de muchos “capitalistas” y no menos “comunistas”, el mercado se fundamentó en una premisa básica; satisfacer las necesidades, y la más óptima redistribución de recursos. Sin más. El modelo actual, en nada tiene que ver con este proceso. Aquí se trata de proteger la capacidad de enriquecimiento de unos pocos, aún cuando esta se sobreponga a las necesidades globales de los muchos.El mercado y el liberalismo no puede consentir que el horizonte final, sea satisfacer las aspiraciones de unos pocos, frustrando a la mayoría de la sociedad. El ineficiente sistema comunista lo agradecerá al final. Hay que desterrar la idea de “orientalización económica” como base de actuación. La sociedad no puede soportar como la ley es papel mojado para los débiles, y férrea e inalterable para con los fuertes.

Sirva este pequeño manifiesto como recordatorio para muchos navegantes. Ser rico y poderoso, es legítimo. No tanto que para serlo se haya de apisonar la capacidad de supervivencia de la sociedad. Ser rico no puede ser sinónimo de patente de corso, injusticias y privaciones de los muchos. Sino trabajo, innovación, redistribución. El mercado no se creó para trasferir lo de muchos, al bolsillo de pocos… Para eso ya existía la aristocracia. La Gironda no nos lo perdonaría.

Un Saludo.

 

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